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Los guardias felinos del museo de L’Hermitage

Como me encantan los gatos, estoy suscrita a una newsletter gatuna que a veces me manda cosas muy divertidas y ésta es una de ellas:

El museo de L’Hermitage se encuentra en San Petersburgo, a orillas del río Neva, y actualmente alberga una de las pinacotecas más completas del mundo. La tradición de la guardia gatuna comenzó con la emperatriz Elizaveta Petrovna (Isabel I de Rusia), quien estaba muy preocupada por la cantidad de ratones que merodeaban por el Palacio de Invierno (donde actualmente se encuentra el museo), la cual era la residencia oficial de los zares.

Para paliar la invasión de roedores, la emperatriz recibió como presente cinco gatos de la región de Kazán, los cuales tenían fama de ser especialmente buenos cazadores. Pronto, los cazadores gatunos comenzaron a cumplir tan brillantemente su misión, que por prestar tan útil servicio a la corona rusa, fueron ‘contratados’ oficialmente y proclamados como custodios oficiales de la galería por Catalina La Grande, fundadora del museo que hoy ocupa el palacio. Se dice que en la época de los zares estos gatos incluso eran atendidos por sirvientes especialmente dedicados a ellos.

Desde entonces, y a excepción del tiempo de la ocupación alemana de Leningrado (nombre soviético de San Petersburgo) durante la Segunda Guerra Mundial, estos gatos guardianes han estado siempre presentes en la vida del palacio y del museo.

Actualmente la ‘guardia felina’ de L’Hermitage es cuidada y mantenida por personal del propio museo, y es considerada por todos como una de sus más entrañables tradiciones.

Aunque no les está permitido el paso a las salas de exposición, y ya cada vez hay menos ratones que cazar, los gatos siguen ocupando un puesto de honor y pasean por los sótanos, patios y jardines del palacio, y tienen a su disposición más de ocho habitaciones en el entresuelo de la construcción, además de una gatería especialmente habilitada para ellos. Además, entre los sótanos del museo, hay infinidad de puertas y corredores en las que los gatos tienen sus accesos felinos (puertas gateras) para circular libremente.

Hasta hace poco, este encantador misterio era conocido sólo por una minoría, pero desde hace unos años los cuidadores de la ‘guardia felina’ se han encargado de dar a conocer esta bonita tradición, y cada año organizan ‘El día del gato’ con el fin de recaudar fondos para su cuidado.
En este evento se invita a los asistentes al museo a colaborar con la labor felina, participando en un concurso en el que tienen que encontrar a los ratones que se encuentran escondidos por la exposición, pero no en sus escondrijos habituales, sino pintados originalmente en las distintas obras del museo.

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